Historia

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Sin embargo, se trata simplemente de una costumbre que no es esencial en la celebración del matrimonio: su ausencia no invalida el consentimiento dado en la ceremonia y, por lo tanto, el matrimonio celebrado sin el intercambio de los anillos sería perfectamente válido.

La tradición de colocar el anillo en el dedo anular nace en Grecia en el siglo III a. C.

Los romanos ya regalaban anillos matrimoniales, una costumbre precristiana que compartían los hebreos, que lo llevaban en el dedo índice, y los hindúes, que preferían el pulgar.

La costumbre establece que los novios deben entregarse mutuamente anillos como símbolo de alianza matrimonial, colocándoselos en la ceremonia nupcial. El anillo matrimonial se coloca en la mano izquierda o derecha, en el dedo anular. Esta tradición nace como en Grecia en el siglo III a.C. Los antiguos pensaban que en ese dedo finalizaba la vena del amor, que salía del corazón.

En 860, con el Papa Nicolás I, defensor del carácter sagrado del matrimonio, se intitucionalizó el hábito de poner anillos de oro en la ceremonia nupcial.